Gente en el Patrimonio

Muchos se preguntan el porque al cañonazo y el toque de sirenas a las 12 cada día Jueves del año.
Para ustedes la respuesta y un artículo que rescata a la Gente en el Patrimonio a nivel nacional.
A continuación les dejo la historia y el artículo de Fermín Muñoz, artillero del cerro San Cristobal.

Les presentamos a don Fermín Muñoz, el hombre que cada día dispara el cañonazo de las 12 en el cerro Santa Lucía. Una tradición mantenida durante más de un siglo en nuestra capital.

Oriundo de los Andes, don Fermín Muñoz, el hombre que cada día, a las 12 en punto dispara el antiguo cañón del Cerro Santa Lucía, atribuye su buena salud a la leche que en su infancia tomaba al pie de la vaca, a la harina tostada y las legumbres que abundaban en sus comidas. Además de que no toma, no fuma ni trasnocha. “No recuerdo cuándo fue la última vez que me enfermé”, dice este jardinero de 67 años que después de trabajar durante más de 3 décadas en los jardines del cerro, en el año 85 llegó como ayudante al cañón y 11 años más tarde asumió como “artillero”, que es el encargado de disparar. “Los otros artilleros que estuvieron antes, también eran jardineros”.

Salud y estado físico imprescindibles para subir el cerro y las estrechas y empinadas escaleras que llegan hasta el torreón donde se ubica el cañón, en el fuerte Pedro de Valdivia. Sin fallar ni un sola vez ni atrasarse ningún minuto. Ni siquiera cuando se fracturó un pie “subí igual, di las doce y volví a bajar, y cuando llegué abajo ya no pude caminar más. Pero di las doce”. Actualmente, después de cumplir con su misión del mediodía, trabaja en la Municipalidad realizando en terreno un catastro de especies arbóreas en toda la comuna.

Tras la Independencia, entre 1824 y 1825, se sitúa el primer disparo de cañón en el Santa Lucía, sin que se conozca la fecha exacta. “El fin era avisarle a la gente, que vivía aquí en Santiago, que era una ciudad muy chica en ese tiempo, que era el mediodía, que tenían que ir a almorzar y que había que ir a misa, porque la gente era muy católica entonces. No tenían reloj, entonces el cañonazo avisaba para que tocaran las campanas de la iglesia”.

El cañón que hoy se dispara, de 352 kilos de peso, fabricado en Alemania en 1910, y que perteneció al Ejército de Chile, no es el mismo de aquellos tiempos, denominado Batería Santa Lucía, y que “como los cañones de plaza, se cargaba por delante y se encendía con un fósforo por atrás”. Hasta el Año Nuevo de 1916 sobrevivió este antiguo fabricado cien años antes. “Don Juan Bautista Larenas, que era el artillero de esa época, quiso darle más realce al cañonazo de las doce, que era la mayor atracción del Año Nuevo, con tan mala suerte que el cañón no resistió y explotó matándolo a él”.

Un breve silencio

El 12 de febrero de 1966, argumentando la preocupación del Municipio y los vecinos por la contaminación acústica, el entonces Alcalde de Santiago, Jaime Ravinet, dio orden de suspender el cañonazo, dando el mismo el último disparo. Cuatro meses más tarde, el 12 de junio, obedeciendo a las protestas y cartas de distintos sectores que se manifestaron contra la medida, el mismo Ravinet volvió a disparar el cañón que, según todo indica, no volverá a detenerse. “La gente hizo causa común para defender esta tradición que lleva más de 100 años”.

Extraido de: nuestro.cl

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